Uno de los problemas más frecuentes en el tratamiento de la diabetes, es la resistencia, de las personas con diabetes y de algunos médicos, al uso de insulina. Los mitos o creencias populares están muy arraigados en nuestro medio y en este post nos dedicaremos a derribar algunos de ellos.

LA INSULINA FUNDE EL PÁNCREAS

LA INSULINA DEJA CIEGO Y CAUSA INSUFICIENCIA RENAL

La insulina es una hormona, fabricada en el páncreas, aún antes de nuestro nacimiento. Su función fundamental es permitir que el azúcar o glucosa ingrese a las células para ser utilizada como fuente de energía. También interviene en la formación de proteínas, la acumulación de energía en forma de grasa y el crecimiento.

Muchas personas piensan que la diabetes es un problema de “azúcar”, y en realidad es un problema de “insulina”. De hecho, la insulina es la opción más eficaz para reducir la glucosa en sangre.

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La diabetes es una condición en donde la insulina falta o no actúa correctamente. En la diabetes tipo 1 falta desde el principio, ya que las células que la producen han sido destruidas y en la diabetes 2, hay resistencia a su acción durante los primeros años y falta de insulina después. Por lo tanto, en la diabetes tipo 1, el tratamiento es insulina en cualquier momento de la enfermedad. En cambio, la diabetes 2 se trata con comprimidos inicialmente al menos que los niveles sean muy altos y requieran insulina desde el principio. Hasta ahora, todos los comprimidos que disponemos necesitan que el páncreas tenga conservada su capacidad de fabricar insulina para actuar, sino no sirven. Cuando esto sucede, es necesario administrar insulina.

Hoy sabemos que la diabetes es una enfermedad progresiva, es decir que con el paso de los años, el páncreas tiene menor capacidad de producir insulina. Cuando las personas con diabetes 2 tienen niveles muy altos de azúcar o muy poca cantidad de insulina efectiva, necesitamos administrárselas en forma externa.

En ellos, es frecuente que el comienzo de la insulina se postergue mucho, y los niveles de azúcar han permanecido elevados durante mucho tiempo y ya han dañado en forma irreversible los riñones, la retina o algún otro órgano. Por o tanto, cuando se comienza con la insulina el daño ya está hecho; podemos trabajar para que no progrese y las personas se sientan mejor pero no podemos curar esos tejidos. Esto es lo que ha sucedido a muchas personas en el pasado. Fue la diabetes sin control la que le quitó la visión a la abuela de Juan o la que le arruinó los riñones a la abuela de Pedro,  no fue la insulina.

Las creencias populares  son muy importantes en la vida de los pueblos y es por eso es muy importante que trabajemos para que todos sepamos un poco más sobre diabetes, un poco más sobre insulina. En la medida que todos sepamos más, estoy segura que nos va a ir mejor.

La palabra es muy valiosa cuando la usamos para bien,  con conocimiento podemos ayudar mucho pero sin conocimiento y basada en mitos y creencias personales, aunque nuestras intenciones sean buenas, podemos causar un gran daño si son dirigidas a personas que están en una situación vulnerable: asustadas o paralizadas porque les acaban de decir que tienen diabetes o aprendiendo de qué se trata la insulina y cómo manejarla. Es difícil ponerse en el lugar del otro, pero les pido que hagan el intento o imaginen qué les hubiera pasado si cuando estaban aprendiendo que 2 + 2 = 4; llegara la vecina, amiga o tía a decirles que es 6 y que si se equivocan los afectará gravemente. Hay información seria y confiable en muchos lugares, es recomendable consultar, preguntar antes de contribuir a la confusión. La consulta con el médico o un educador en diabetes puede despejar muchas dudas y salvar vidas. 

Sumate al grupo de personas que queremos derribar los mitos que existen sobre la diabetes.