Cantidad de historias que se escriben a diario en el universo de la pelota son innumerables. Muchas suelen estar vinculadas con hazañas deportivas, números extraordinarios, registros históricos, millonarios contratos… Pero hay otras, como la de Federico Freire, de 22 años, que están atadas a la superación, a lecciones de vida. A carreras deportivas que resultaron más complejas que cualquiera de las que se cuentan en la vorágine del fútbol. La Gata, como suelen decirle sus amigos, debió reacomodar su vida cuando le descubrieron Diabetes Tipo 1 y aprendió a vivir con ello. Era una de las promesas de Vélez, pieza importante en los seleccionados juveniles, pero en 2007 le diagnosticaron la enfermedad, y decidió dejar el fútbol. Pero en su camino apareció el doctor Luis Grosembacher y logró convencerlo de que podía continuar con su sueño, el tomó el consejo, se montó a su ilusión, logró llegar a la primera de Vélez, el 28 de noviembre de 2011, y después de 15 partidos en la primera del Fortín, emigró a Catania. Sí, al calcio italiano, a la elite del fútbol mundial. Juega  actualmente de centrocampista y su actual equipo es la Universidad San Martín de Porres de la Primera División del Perú.

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“Me cambió la vida haberme cruzado con el doctor Grosembacher, me ayudó a pensar de otra manera. Lo veo cada tres meses para mis estudios de rutina, para ver cómo van dando los niveles de azúcar y para charlar un poco. Es más un amigo que un diabetólogo.” Así cuenta su historia Freire, que antes de viajar a Italia para sumarse a Catania, tenía la costumbre de visitar la Liga Argentina de Protección al Diabético (Lapdi) y la Fundación Argentina de FADI, para dar charlas sobre su experiencia personal. “Antes de viajar me mandaron una carta de felicitación y yo le mandé una camiseta de Vélez firmada.”

-¿Cómo fue que te enteraste de la enfermedad?

-Lamentablemente una semana antes de viajar al Mundial Sub 17 de Corea, en 2007, me descubrieron que tenía Diabetes Tipo 1 y no pude viajar. Tuvieron que internarme para estabilizar mis niveles de glucosa en la sangre. Fue muy duro para mí todo ese momento. No quería saber más nada con el fútbol.

293513_heroa-¿Cómo fue seguir desde ahí?

-Cuando tomé la determinación de dejar el fútbol fui a comunicárselo al técnico, el Turco Asad, pero él me apoyó, me dio tiempo para que lo pensara. Tanto él, como Vélez, y mi familia fueron determinantes en mi recuperación.

Me imagino que ahora que estás en un lugar tan especial se te debe pasar por la cabeza todo eso que viviste.

-Cuando quise dejar el fútbol fue un momento muy complicado. Había tomado la determinación, no es que lo estaba pensando. Desde que pasó ese tiempo, todas las mañanas que me levanto y trato de disfrutar, de pensar en cada entrenamiento como si fuese el último. Yo sé lo que se siente querer dejar todo, por suerte tuve a mi familia que me ayudó y me contuvo. Ellos me enseñaron que hay que seguir peleando y que esto era una piedra que había que saltar. Hoy me levanto cada mañana orgulloso de todo lo que hice.

-¿Y cómo fue el día a día de superar ese momento?

-La diabetes fue difícil, me complicó la vida, pero aprendí a vivir con la enfermedad. Pero en definitiva, también entiendo que me ayudó a cambiar mi forma de alimentarme, a cuidarme de otra manera, de mantener el peso, a controlar los niveles de glucosa, algo que hace un diabético, pero el cambio de alimentación fue clave.

-¿Sentías que te podía condicionar deportivamente?

-Al principio no conocía la enfermedad, siempre fui un chico muy sano. La primera doctora que encontró en el hospital me dijo que no podía volver a jugar al fútbol y eso me mató. Pero por suerte conocí otros médicos, como Grosembacher, que me enseñaron que la diabetes no es un impedimento para el jugador de fútbol. Yo lo que hago todos los días es controlarme los niveles de azúcar, mantenerlos como cualquiera y entrar a la cancha y disfrutar un poco, que de eso se trata.

Fuente: Publicación de sanluisdiabetes.com. Basada en la entrevista realizada por Diego Morini y publicada en la Nación