Comparto con Uds. una nota de Dr. José Gotés Palazuelos, publicada en Medscape,  que trata sobre las habilidades y competencias que tenemos los médicos que tratamos a las personas con diabetes. Coincido plenamente con sus observaciones y con la necesidad de replantear las estrategias de comunicación si queremos alcanzar el objetivo de contribuir a que nuestros pacientes vivan más y mejor.   

Cuando iniciamos la carrera de medicina se nos enseñan los conceptos fisiológicos y patológicos, y se desarrollan las habilidades clínicas para el cuidado de nuestros pacientes. Sin embargo, una de las competencias que se aprende conforme se va desarrollando la vida profesional, es la comunicación entre el profesional de la salud y el paciente. Es decir, una cosa es conocer una enfermedad, saber tratarla, y otra muy distinta es entregar la información de una manera eficaz, respetuosa, prudente, y científica.

“Una cosa es conocer una enfermedad, saber tratarla, y otra muy distinta es entregar la información de una manera eficaz, respetuosa, prudente, y científica.”

Comunicación efectiva en pacientes que viven con diabetes

En particular, la comunicación y el lenguaje que se utilizan en el cuidado de las personas con diabetes son muy importantes para cumplir los objetivos primarios del tratamiento.

 Considero que la mayoría de nosotros hemos sido testigos o participantes de pláticas cuyo propósito es lograr que el paciente vea nuestro punto de vista sobre la relevancia de los cuidados en diabetes; en estas sesiones es probable que se haya utilizado una explicación sobre los desenlaces negativos de la enfermedad o las consecuencias de no llevar tal o cual tratamiento. No obstante, en muchas ocasiones, estos encuentros terminan con una sensación de insatisfacción, tanto para el proveedor de salud, como para el paciente (especialmente para este último), que puede dificultar la obtención de las metas del tratamiento establecidas.

Diferentes organizaciones, dentro las que se encuentran la American Diabetes Association, la International Diabetes Federation y la Australian Diabetes Association han elaborado documentos en donde se subraya la relevancia del lenguaje utilizado en el manejo de las personas que viven con diabetes.[1,2,3]

Para fines prácticos, las recomendaciones son múltiples, deben ser valoradas por cada profesional de la salud e individualizarse, es decir, considero que no pueden ser tomadas como una herramienta para tratar a todas las personas, por la gran diversidad existente en cuanto a conductas y actitudes respecto a la enfermedad, pero sí como una guía para el desarrollo de una competencia diferente.

Ahora, en general, me parece que las recomendaciones hacen hincapié en buscar un lenguaje respetuoso, imparcial, neutro y que posea connotaciones positivas más que negativas. Se busca evitar palabras que denoten desinterés o molestia, en cuanto no se hayan logrado los objetivos planteados.

Asimismo, se desea evitar catalogar a una persona como no adherente, o como mal controlada, tomando en consideración que estos términos pueden sugerir que la persona no está llevando a cabo las acciones adecuadas para su tratamiento. Por otro lado, existen personas que resienten la estigmatización de ser llamadas “diabéticas” porque dicho término las etiqueta con la enfermedad. Si bien existirán individuos que no tengan ningún problema con esta palabra, creo que al final nuestro mensaje debe ser claro en que estamos tratando a la persona que vive con diabetes, no al hecho de ser “diabético”.

Otro de los puntos importantes de las sugerencias consiste en buscar frases alternas para palabras como “no puede”, “no debe”, “debe”, “prohibido”, etcétera. Lo anterior, con base en que se busca mantener la autonomía de cada persona, evitando guías que pueden no ser bien recibidas. Para ello, es conveniente buscar frases como “le sugiero”, “ha considerado”, “ha tratado”, “que tal si ahora intenta”, por supuesto que no son las únicas, pero son opciones que pueden manejarse, y ver la respuesta de cada persona en este aspecto.

Así como desarrollamos la competencia sobre el tratamiento farmacológico, la revisión de los pies, la medición de la tensión arterial, pienso que es relevante evaluar e intentar modificar el lenguaje utilizado con las personas que viven con diabetes. Cada profesional de la salud es diferente, por lo que habrá quienes lo consideren adecuado, mientras que otros no lo vean como una necesidad. En mi experiencia, este cambio ha sido un proceso largo, en ocasiones difícil, sin embargo, considero que ha valido la pena.

Fuente: Es tiempo de reevaluar la forma de comunicarnos con nuestros pacientes con diabetes. Medscape