Hace poco tuve la oportunidad de ser entrevistado por el periodista Nestor Loreto, responsable del blog serdiabetico.com sobre el doble rol de ser médico diabetólogo y educador. Les dejo la entrevista, a continuación.

¿Qué significado tiene ser educador en diabetes?

Después de casi 20 años ejerciendo mi especialidad, el significado a cambiado. La importancia radica en sincerar mi trabajo, ver mi realidad y comprender, que si bien la tarea asistencial y formación profesional requieren de gran dedicación, la educación en diabetes es la herramienta más eficaz a la hora de evaluar resultados. Esta posibilidad la puedo desplegar con grandes satisfacciones desde la Fundación Argentina Diabetes, donde junto a la Dra. Nancy Carreño somos los responsables del proyecto educativo virtual en diabetes.

Considero que no podemos aprovechar los importantes avances en áreas farmacológicas ni técnicas si no logramos que nuestros pacientes sigan pautas básicas, que adhieran al tratamiento, que interpreten realmente el valor de “entender que les pasa” y mucho menos si los médicos, no ponemos a la educación en diabetes en el mismo rango que el resto de la tarea asistencial.

¿Es común que un médico diabetólogo se transforme en educador? La verdad es que no. Me guío por lo que conozco y son pocos los que dedican parte de su tiempo a educar.

Los congresos de nuestra especialidad en general, destinan un reducido espacio a la educación y al menos en Argentina, los referentes si bien son muy buenos, son pocos.

La educación en diabetes no es una práctica que ha sido reglamentada ni reconocida por los sistemas de salud y quizás sea una de las causas del poco desarrollo. Actualmente la Sociedad Argentina de Diabetes lleva adelante un programa de formación de educadores en diabetes que considero de gran valor, pero la inserción y retribución económica de los profesionales que quieran desarrollarse en el ámbito privado, es un tema que al menos yo, no veo tenga respuesta.

¿Cuál es el rol del educador? Creo que fundamentalmente es ayudar a la persona con diabetes y su familia a incorporar de manera eficiente el manejo de su enfermedad en su vida diaria.

Acotar la dependencia médica en la resolución de problemas cotidianos. Enseñar a tomar decisiones en el manejo y cuidado de su enfermedad y algo muy importante, motivarlos a seguir su tratamiento, que es algo que nos cuesta “saber hacerlo” con las palabras o formas adecuadas.

¿Cómo toma el paciente el saber que hay alguien que se va a ocupar de él además del médico?

Creo que es fundamental el rol del médico y la importancia que éste le asigna al equipo de salud.El paciente necesita aprender desde la primera consulta que el vínculo con la diabetes implica la presencia de otros integrantes de igual jerarquía (muchas veces no son visualizados por el paciente de esta manera).

La realidad y resultados en general son diferentes en el ámbito público y privado donde juegan un papel importante, otros factores como las prestaciones vigentes y limitaciones de cada cobertura.

¿Qué título necesita una persona que desea capacitarse como educador sobre la diabetes?

Creo que no es necesario ningún título. La actitud, responsabilidad y deseo de ayudar son herramientas superadoras de cualquier obstáculo académico. Las áreas de mayor interés deberían ser los enfermeros, nutricionistas, farmacéuticos, médicos, asistentes sociales y personal de la salud en general. También incluiría a alumnos de pregrado de carreras afines.

¿El educador ya está incorporado al equipo médico que se ocupa del paciente? Los médicos tienen claro el concepto del educador. Sin embargo, los educadores todavía no tienen un sitio laboral bien definido.

Se han realizado esfuerzos para posicionar su figura dentro de los programas de atención de personas con diabetes en los sistemas de salud privado, pero aún no los reconocen como tales y quizás por esa causa no han consolidado aun su inserción dentro del equipo de salud de ese sector. El ámbito público es un poco más sencilla ya que en general, los recursos humanos capacitados forman parte del plantel habitual de las instituciones.

 

Fuente: Escrito por Néstor Loreto