Las personas con diabetes estamos expuestas en general a un mayor número de estresores en la vida cotidiana, de los que muchas veces ni nosotros mismos somos conscientes, por ello nos debemos preguntar ¿cómo afecta la ansiedad en la diabetes?

Sin embargo, si nos ponemos a pensarlo detenidamente son muchas las situaciones que requieren de la persona con diabetes una buena información, una buena cantidad de seguridad en uno mismo y una buena capacidad resolutiva y de reacción, rápida y ágil. Parece que no tiene importancia, o eso puede parecer en nuestro día a día, pero son situaciones estresantes a las que habitualmente no está expuesta el resto de la población y hemos de tener en cuenta que a muchas personas sí que les puede suponer un verdadero problema emocional y/o conductual, o más bien a todos nos puede pasar en alguna etapa de nuestra vida.

Lo ideal sería aceptar nuestra propia realidad, ya que la rumiación torturada de nuestros problemas solo nos lleva a menoscabar nuestra autoestima. Es mucho más saludable afrontar y tratar los problemas, retarlos y disfrutar de los buenos momentos (y de las cosas pequeñas) y de nuestras cualidades y capacidades para seguir adelante. Pero esto no siempre es fácil.

Desde el punto de vista psicológico, generalmente nuestro comportamiento es un reflejo de lo que pensamos: si nos repetimos una frase divertida (o ese chiste o imagen que nunca nos falla) acabaremos sonriendo; si nos decimos “esto es imposible”, seguro que será imposible. Pero si me digo a mí mismo “puedo hacerlo…” mis probabilidades de éxito se multiplican por noventa. Si, además, tu familia, tus amigos, tus compañeros perciben esta actitud en ti, devolverán hacia ti la misma actitud serena y confiada en tu capacidad de control de la situación y en ti como persona sensata y confiable.

Tu mismo/a, ¿no has notado que tienes rachas en que la diabetes parece que se controla con más facilidad que otras?, ¿no te has dado cuenta que esas rachas casi siempre coinciden con temporadas en que estás contento/a, o simplemente sereno/a, o satisfecho/a contigo y/o con el mundo que te rodea? Frente a las temporadas en que te dices “haga lo que haga esto no funciona”, están esas otras en que, sin pararte a pensar por qué, tu manejo y control de la diabetes parece ir como la seda. De fondo es muy probable que estén tu propio estado de ánimo y la marea de tu estado emocional.

El estrés puede afectar al control de la diabetes a través de dos posibles mecanismos:

  1. Directamente, mediante la secreción de las hormonas del estrés y
  2. Indirectamente, interfiriendo con las conductas de autocuidado.

El estrés puede actuar sobre los niveles de glucemia mediante un efecto directo a través de la movilización de las hormonas contrarreguladoras u “hormonas del estrés” (p.ej: adrenalina, cortisol, etc.,) e indirectamente por su impacto sobre las conductas de adherencia al tratamiento.

Pero también recordemos que la adrenalina es una hormona inhibidora de la acción de la insulina, de ahí que el estrés y la ansiedad, que hacen descargar adrenalina, supongan un aumento de la glucosa en sangre.

El organismo de los humanos está bien diseñado en este sentido, pues cuando nuestra especie debía defenderse o atacar, como depredador omnívoro, debía contar con toda la glucosa necesaria para estar activado y responder rápidamente en la acción.

Esta respuesta se nos ha quedado un poco desfasada en la evolución de la especie, por eso lo mejor para las personas con diabetes será seguir haciendo vida normal pero controlando nuestro nivel de respuesta ansiógena ante los estímulos de la vida cotidiana. Eso no significa convertirse en vegetal, sino simplemente buscar lo que nos ayude a sentirnos mejor.

La excitación y/o la alerta para la acción le va bien a la diabetes, lo que no le va bien es el estrés continuado y una actitud ansiosa para responder a cualquier estímulo, ni la actitud preocupona y rumiante sobre algo que no tiene mejor afrontamiento que aceptarlo y vivir con ello lo mejor posible: la diabetes.

Ni que decir tiene que esto se aplica punto por punto al caso en el que son los padres del niño y niña diabéticos los que viven cotidianamente con un trasfondo emocional de ansiedad y miedo permanente a todo lo que le pasa a su hijo/a. Esto no solo dificulta la transmisión de valores vitales saludables al diabético, sino que además impregnarán su forma de actuar ahora y en el futuro de inseguridad y miedos, o bien de ira y rebeldía contra todo, que no le dejarán madurar y ser feliz con facilidad.

Los padres deberían tener muy presente que se han convertido en “doblemente educadores” de sus hijos con diabetes (no vale ya el “iré adoptando decisiones según se presenten las circunstancias”) y que habrán de ser “doblemente racionales” al pergeñar y decidir el tipo de educación que quieren darle.

También es un momento importante en la vida de una persona con diabetes el diagnóstico de una o más complicaciones de la misma, lo que implica un proceso de asunción y adaptación a la nueva situación de nuestra salud (como en el “debut”). Contemos con que hoy todas las complicaciones de la diabetes tienen su tratamiento. Una vez emitido el diagnóstico, lo único que nos queda por hacer es encontrar el mejor medio para adaptarnos y enfrentarnos a una situación que nos viene irremediablemente dada.

Normalmente nos imaginamos que, ante un avatar como este, nuestra reacción va a estar dominada por sentimientos de desesperación, angustia o depresión. Parece lógico prever que los efectos del suceso van a sobrepasar, al menos durante las primeras semanas o meses, nuestra capacidad de respuesta. Pero, en realidad, las reacciones de la gente no se desarrollan siguiendo ese catastrófico guión imaginario.

Algunas investigaciones sobre las emociones positivas ante la adversidad han demostrado cómo algunos momentos de felicidad estaban presentes desde los primeros días tras el diagnóstico de una grave enfermedad o de un brutal accidente. Incluso a partir de la tercera semana los sentimientos positivos eran ya más frecuentes que cualquier otro sentimiento tomado aisladamente (es una variable sin la que no hubiéramos podido evolucionar como la especie en que nos hemos convertido). Es muy probable que ante un suceso de la magnitud que tiene la pérdida de parte de nuestra salud, se remueva y conmocione nuestra vida. Cambian de súbito nuestros esquemas mentales sobre la valoración del placer y el sufrimiento, sobre el infortunio y la buena suerte y, en definitiva, sobre la propia vida.

Las preocupaciones banales que normalmente ocupan nuestros quehaceres (un ascenso, una discusión injustificada, tener que ponerse o no insulina, o el número de análisis de glucemia diarios) quedan desplazadas a un segundo plano en el escenario de nuestras vidas y pasan a interesar de inmediato otros elementos vitales: según los estudios mencionados pasan a cobrar mayor importancia, de cara a los sentimientos de felicidad, los vínculos afectivos y sociales, y la propia percepción de mejoría en el estado físico.

Cuatro herramientas que puedes tener a mano para manejar la ansiedad:

  1. Practica hasta que se haga automática cualquier técnica de relajación sencilla, como las respiraciones profundas.
  2. Imagínate repetidamente a ti mismo superándote en esas situaciones en que crees que siempre pierdes el control.
  3. Ten siempre preparado un sistema de apoyos: amigos, familia, pareja… no te sientas incomodo por pedirles ayuda, a ti te encantaría que ellos lo hicieran contigo.
  4. Recuerda que cometer equivocaciones es humano, que todos tenemos malas temporadas de vez en cuando y, sobre todo, recuerda que la diabetes no es un “o todo o nada”.

Autora:

Fuente: Ana Tejedor, psicóloga, colaboradora de la Asociación de Diabéticos de Madrid. ¿Cómo puede afectar la ansiedad en la diabetes?Publiacion online. Entre Todos 78.