Como ya hemos comentado anteriormente, la insulina es una hormona cuya función es permitir la alimentación de nuestras células, para que cada una realice su trabajo, pero, ¿cómo lo hace?

La insulina es simplemente (a la vez complejamente) la llave que permite “abrir” el paso de la glucosa a las células. La glucosa es la gasolina de nuestro cuerpo, el combustible que permite que todo funcione, de ahí el gran problema cuando la insulina deja de producirse totalmente (diabetes tipo 1).

Este es el motivo por el que la insulina baja el azúcar en sangre. No hace que desaparezca, sino que permite aprovecharla mandando la glucosa a todas la células, para alimentarlas. Si esto no ocurre, se mantiene en el sistema circulatorio, hasta que es eliminada por el cuerpo, por la orina, por ejemplo.